lunes, 17 de junio de 2013

RECECHO EN EL ALFALFA / STALK IN THE LUCERNE

RECECHO EN EL ALFALFA

Caía la tarde y justo antes del anochecer Robert y yo andábamos de camino a uno de los campos de alfalfa que hay en la finca en busca de un buen facochero. Nos acercamos en silencio, Robert con el tripode en mano, cuando de repente se arrodilló. El campo estaba lleno de animales, Impala, Eland, Kudu, Red Hartebeest y muchos facos. La mayoría de los facos eran hembras y crias, pero justo en el medio del campo a unos 200 metros había 2 facocheros con cuerpos grandes comiendo. No podíamos ver sus colmillos, así que decidimos intentar acercarnos más usando la oscuridad como cobertura. Más fácil decirlo que hacerlo, pensé.

 Nos acercamos más hasta que llegamos al borde del campo. Ningún animal se había alertado, pero la parte difícil empezaba ahora. Teniamos que acortar la distancia entre los facos y nosotros arrastrándonos a través del campo de alfalfa. Tratando de llegar al pivote que había en el centro del campo. No sólo teniamos que evitar que nos vieran los otros animales, pero para complicar las cosas más aún, sería de noche pronto. Nos arrastramos hacia adelante tan rápido como era posible, parándonos de vez en cuando para ver en que dirección se movían los facos y donde estaban los demás animales. Nos miramos el uno al otro, sabíamos que si nos las arreglábamos para conseguir abatir el faco con tantos animales en el campo, sería un milagro.

( EL CAMPO DE ALFALFA)

Nos arrastramos hacia adelante, sin atrevernos a mirar hacia arriba hasta, que nos encontramos directamente debajo del pivote. Los facos estaban ahora a tan solo 50 metros de distancia y Robert me puso los palos. Miré a través de los prismáticos y vi que el primer faco era pequeño, de unas 5 o 6 pulgadas y el otro estaría rondando las 11 pulgadas, un muy buen faco. Como cualquier cazador español, ver un faco grande me puso el corazón a mil y apoye el rifle sobre los palos. Me encare el 375 y la mira bailaba alrededor del faco. Ya era casi de noche y Robert me dijo que tirara. Traté de tranquilizarme y di un par de respiros hasta que la cruz finalmente se estabilizo. Seguí el jabalí mientras caminaba y cuando se detuvo apreté el gatillo. El facochero salió disparado, visiblemente herido, pero no donde había querido. Pensamos que el disparo había sido un poco bajo y sólo había roto la pata delantera. Robert y yo nos miramos el uno al otro, ya era de noche lo que significaba que tendríamos que seguir el faco herido con una linterna.

Nos dirigimos hacia el lugar donde habíamos visto al faco por última vez justo antes de que entrase en el monte. Había un poco de sangre y trozos de hueso. Ahora comenzaba la parte más complicada, Robert llevaría la linterna y yo estaría preparado para disparar. El monte era muy espeso y si encontrábamos el faco sería a muy poca distancia. Empezamos a seguir el rastro de sangre lado a lado. Pudimos ver que el faco estaba arrastrando su mano izquierda, lo que hizo que el pisteo fuera un poco más fácil. Había menos sangre por minuto y pensé que si no lo encontrábamos pronto tendríamos que volver y seguir al día siguiente. Un fuerte resoplido justo delante de nosotros me hizo volver a la realidad. Robert enchufo la linterna en la dirección del ruido, y yo seguí la luz a través del visor, a 10 metros de nosotros estaba el faco, mirando directamente hacia nosotros. Puse la cruz entre los ojos y apreté el gatillo. Al tiro el faco cayó y poco a poco nos aproximamos. Estaba muerto, el segundo tiro estaba exactamente donde había apuntado. Buscamos el primer tiro y vimos que estaba demasiado bajo y no había tocado ningún órgano vital, pero si había roto la pata.

Cansados pero felices Robert y yo agarramos cada uno un colmillo y arrastramos el faco hasta el coche, que no fue tarea fácil! Su cuerpo era enorme y el monte tan espeso hizo que fuera aún más difícil. Bromeamos todo el camino de vuelta al coche, y Robert me dijo que la próxima vez que pinchara algo, me tocaría llevarlo hasta el coche solo.

Cuando llegamos al coche me di cuenta de que me había dejado la cámara de fotos en casa, así que tendríamos que tomar fotos la mañana siguiente, así que volvimos a casa cansados pero contentos y con unas pocas horas de retraso!



STALK IN THE LUCERNE


It was late afternoon, just before dusk and Robert and I were making our way to one of the lucerne pivots on the farm to look for a big warthog. We approached quietly, Robert with shooting sticks in hand, suddenly knelt down. The field was full of animals, Impala, Eland, Kudu, Red Hartebeest and many warthogs. Most of the Warthogs were sows and piglets but right in the middle of the field about 200 metres away 2 big bodied warthogs were feeding. We couldn´t see their tusks so we decided to try and get closer using the falling darkness as cover. Easier said than done I kept thinking to myself.


We hunched over and made our way closer until we reached the edge of the field, no animals had noticed us, but the tricky part started now. We had to close the distance between us and the warthogs by crawling through the lucerne field and try to reach the pivot in the centre of the field. Not only did we have to avoid alerting the other animals, but to make matters more difficult, it would be dark soon. We crept forward as fast as our care would let us, stopping from time to time to look in which direction the warthogs were feeding and where the other animals were so that we wouldn´t be seen. We looked at each other; we knew that if we managed to pull this one off with so many animals in the field it would be a miracle.

( THE LUCERN FIELD)

We crept forward, not daring to look up until we found ourselves directly underneath the pivot. The warthogs were now about 50 metres away and Robert set up the sticks. I glanced through the binoculars and saw that the one warthog was small, about 5 or 6 inches and the other would be pushing 11 inches, a very good sized boar. Like any Spanish hunter, seeing such a big pig automatically gets the blood pumping and I got ready on the sticks. The 375 came up and the crosshairs danced around the warthog. It was nearly completely dark and Robert urged me to make the shot. I tried to steady myself and took a couple of deep breaths until the crosshairs finally steadied. I followed the warthog as he walked, feeding, and as he stopped I squeezed off the shot. The warthog sped off at full speed, visibly hit but not where I had intended. We thought the shot had been a bit low and had only broken the front leg. Robert and I looked at each other in dismay; it was dark which meant we would have to follow the wounded warthog with a torch.

We made our way to where we had last seen the warthog as he entered the bush, and sure enough there was some blood and pieces of bone. Now the tricky part started, Robert would carry the torch and I would be ready to shoot. The bush was thick and if we found the pig it would be in close proximity. We started following the blood trail side by side. We could see the warthog was dragging his front left leg which made the tracking a little easier, but there was less blood by the minute and I started thinking that if we didn´t get lucky and find him soon we would have to leave the search for the following day. A loud snort right in front of us brought me back to reality. Robert shone the torch in the direction of the noise, and I followed the light through the scope. 10 metres in front of us stood the warthog, looking straight back at us; I put the cross hairs between his eyes and pulled the trigger. At the shot the boar collapsed and we slowly made our way closer. He was dead; the second shot was exactly where I had intended. We looked for the first shot and saw it was way too low and had missed every vital organ.

Tired but happy Robert and I each grabbed a tusk and proceeded to drag the boar back to the car, which was no easy task!!! His body was massive and the thickness of the bush made it even more difficult. We joked and laughed the whole way back to the car, and Robert said that the next time I
wounded something I would have to carry it to the car by myself. When we got to the car I realised I had left my camera at home so we would have to take pictures the following day, so we drove back home, happy , tired and with a few hours delay!



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