lunes, 1 de julio de 2013

UNA MAÑANA PROVECHOSA / A FRUITIFUL MORNING.

UNA MAÑANA PROVECHOSA


Mi padre, Terry ( nuestro sabueso de Baviera) y yo nos encontrábamos en León de nuevo, habíamos hecho este largo viaje, unos 800 km desde córdoba, con la ilusión de poder cazar algún corzo y rebeco, llegamos por la noche al hotel El Pescador, como siempre nos estaban esperando, a pesar de la hora llegada, que estaba ya bien entrada en la madrugada, yo me fui a dormir nada mas llegar ya que el despertador estaba preparado para sonar a las 6:00 AM.


A las 6:30 estábamos ya camino del coto, aun de noche , pero queríamos llegar al cazadero con los primeros rayos de sol, mi padre quería intentar gastar su precinto de rebeco, decidí acompañarle ya que la caza del rebeco es mi favorita , es una caza dura, de alta montaña y que te exige lo máximo.


Amaneciendo llegamos al coto, y empezamos a subir hasta lo mas alto de este con el coche, una vez allí, preparamos todos los artilugios , rifles, prismáticos , mochilas , trípode…
Empezamos ahora si la ascensión andando, el terreno todavía no era muy duro aunque si bastante “empinado” cuando apenas llevábamos cinco minutos andando, y a través de los prismáticos, pudimos divisar a unos 600 metros un grupo de rebecos que estaban en una peña de difícil acceso, analizamos el terreno y le hicimos la entrada colocándonos a 280 metros, mas cerca era imposible sin que nos vieran y salieran corriendo, había que realizar un tiro rápido ya que el sol estaba saliendo justo por detrás de la peña y en pocos minutos no se vería nada.

 Mi padre no conseguía encontrar un apoyo bueno ya que el bípode que le había puesto al rifle se había roto por un lance que contare en otro momento, tuvo que apoyarse en la mochila, y una vez con ya con un punto de apoyo bueno , apretó el gatillo.
los rebecos desaparecieron sin síntoma alguno de haberle pegado al rebeco que tiro, había fallado, en ese momento hubo un silencio que se hizo eterno, ninguno de los dos nos atrevíamos a hablar, mi padre tenia un mosqueo considerable, tras unos minutos pensando en que hacer, decidimos seguir camino adelante ya que ya estábamos casi en lo mas alto del coto y era una pena bajarnos sin intentarlo de nuevo, pero nada mas echar a andar sin apenas dejarnos avanzar 15 metros, se nos presento una nueva oportunidad, esto es lo bonito de la caza, una gran rebeca aparecía sola, en la peña donde anteriormente había tirado mi padre, ahora si se apoyo bien con la ayuda de una malla ganadera que había, tumbado en el suelo y bien apoyado, medí con el telemetro y le dije que la rebeca estaba a 290 metros, y tiro, la rebeca se quedo quieta por un momento se movió unos metros y se volvió a parar , mi padre volvió a tirar, y la rebeca se perdió detrás de una piedra.
 Le dije que pensaba que estaba muerta allí detrás ya que no había salido por ningún lado, y es mas que le había dado los dos tiros, como era normal y por lo difícil de llegar hasta la rebeca y por joven me había tocado a mi la tarea de ir hasta el trofeo, después de media hora subiendo llegue y efectivamente allí estaba detrás de la piedra y con los dos tiros, era una gran rebeca después la medimos y se quedo a dos puntos de bronce, ya de vuelta al coche se podía apreciar la cara de satisfacción de mi padre.


Una vez en el coche y ya casi guardando los “ trastos” me pareció ver algo a lo lejos, entre mi padre y yo pudimos distinguir que era un corzo macho, aunque tenia algo raro en la cuerna, sin pararnos mas tiempo empezamos la entrada, la verdad que estaba en un sitio en la que la entrada no era muy difícil, nos pudimos colocar a unos 100 metros de donde debería de estar el corzo, me tumbe sobre una piedra con mi rifle apoyado en la mochila, y cual fue nuestra sorpresa que cuando miramos a la zona donde estaba el corzo este había desaparecido, no estaba por ningún lado, con cara de incredulidad mi padre y yo nos miramos sin poder darnos una explicación, pero de pronto y a unos 150 metros a la
derecha apareció con su particular trote y en dirección a nosotros, a 120 metros se paro y aunque no totalmente de lado me ofreció un buen disparo, dispare y el corzo dio una vuelta en el aire espectacular empezó a bajar mal herido y se paro a 50 metros tumbándose.
 fui a cobrarlo y cuando me acerque a el se levanto, saliendo corriendo, por suerte pude realizar otro disparo, abatiéndolo definitivamente.
El corzo resulto tener un trofeo defectuoso , muy bonito era mi primer trofeo defectuoso y estaba muy contento, eran las 11 de la mañana y ya teníamos en el zurrón una gran rebeca y un bonito corzo, no podíamos haber tenido una mañana mas provechosa.


A FRUITIFUL MORNING.


My dad, Terry ( our bavarian hound) and I were in Leon again, having made this trip of over 800 kilometers from where we stay, with the excitement of being able to hunt a Roebuck and a Chamois. We arrived in the early hours of the morning, and as always the friendly people of El Pescador were waiting for us. I went to sleep as we arrived, with my alarm clock already set for 6 am.

At 6.30, even though it was still dark we were on our way to the hunting area, as my dad wanted to arrive with the first rays of sunlight to try and hunt a Chamois, which by the way is my favourite type of hunt, it is a hard and demanding hunt up in the mountains.

We arrived at dawn, and once there we prepared our gear, rifles, binoculars etc. We started walking, in terrain that wasn´t too hard, however it was very steep. 5 minutes into our stalk, through the binos we saw a group of Chamois at about 600 meters from us, on a rock with very difficult access. We paused, analysed the terrain and decided to stalk them to a distance of under 280 meters, we could not approach any closer as we would’ve been discovered. It had to be a quick shot, as the sun was rising right behind the Chamois and we wouldn´t be able to see. My dad was struggling to find a good rest, but finally resting on the backpack he squeezed the trigger. The Chamois disappeared without any symptom of having been hit. Silence, that’s all there was for a couple of minutes that felt like eternity. Miss. I was too scared to utter a word, my dad was angry and after a few minutes we decided to carry on as we were on the highest point of the farm and it would have been a pity to not give it another try. We hadn´t walked 15 meters, and we had another opportunity. This is the beauty of hunting.

A big female Chamois, appeared alone, on the same spot we had previously seen the other group. Using what we found around us, and lying on the ground, I measured with the rangefinder and slowly whispered the distance. 290 meters, the shot rang out, the Chamois stood still for a moment, moved a few steps and stood still again, my dad squeezed the trigger for a second time and the Chamois disappeared behind a large boulder of rock. ´´ I think it´s dead, dad´´ - I said. I hadn’t stopped looking through my binoculars and I hadn’t seen any movement around the area where the Chamois had disappeared. As the youngest of us, it was my duty to go and retrieve the trophy. After a difficult 30 minute climb, I reached the place where the Chamois was. It lay behind the boulder, dead; it was an exceptionally big female that after being measured just fell short of the bronze medal. The return to the car was a happy walk with the chit chat of the experience and I could admire the satisfaction on my old man’s face.


Once in the car whilst we were busy putting our gear away, I thought I saw movement through the corner of my eye. We both grabbed our binos and saw that it was a roebuck, although we could see that it had some kind of abnormality in the horns. Without saying a word we started our stalk, which was not a very complicated one. We managed to approach to about 100 meters of where we thought the roebuck was. I lay on the floor on top of a rock, resting on my bag and started to aim. I looked at my dad looking for an explanation as the roebuck had vanished. Suddenly at about 150 meters to my right we saw the roebuck, that appeared trotting towards us and at about 120 meters he stopped. He was not completely broadside, but offered me a clear shot. Slowly I squeezed the trigger aiming for the base of the neck as he was quartering towards us. The roebuck jumped and turned in the air and started to descend towards the thick bush and it lay down after a mere 50 meters.
 I went to look for him and as I approached the spot, he stood, and ran and with luck I managed to shoot him in mid run.
As we had previously seen he was deformed. It was my first of such kind and I was ecstatic, it was 11 am and we had already hunted a great Chamois and a beautiful roebuck. Overall it had been an extremely fruitful morning.



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